
Esta mañana, escuché una conversación (a veces es inevitable hacerlo). Ocurría en el autobus. Sentadas detrás de mí, dos amigas charlaban sobre la boda de una de ellas, sobre todos los preparativos que eso conlleva. Elegir el salón, el menú, el traje, las flores, las invitaciones, hacer la lista de invitados ¡horror!, la lista de bodas, las pruebas, la iglesia, las amonestaciones ... en fin, que todos lo que hemos pasado por ahí, sabemos cuánto hay que hacer para por fin dormir juntos legalmente y sin estar en pecado. Pero lo que me llamó la atención fue una frase, que curiosamente, se repite:
"estoy deseando que todo ésto pase".
Es normal, porque es mucho trajín, muchos nervios, muchas cosas a organizar y coordinar (violines incluidos), pero ¿por que queremos que pase rápidamente?
Se supone que será uno de los días más felices de nuestra vida.
Se supone que lo hacemos porque queremos, que nadie nos obliga a ello.
Sin embargo, ¿no será que toda esa parafernalia del banquete, la fiesta, se hace de cara al exterior? ¿No será que no hacemos la fiesta para nosotros y por eso queremos que termine cuanto antes?
Pues sí, esta mañana me dió por pensar, y creo que muchas veces hacemos cosas simplemente porque toca, sin pararnos a pensar si es realmente lo que queremos o cómo realmente lo queremos.
En el caso de la boda, no me refiero a que alguien no quiera casarse, pero tal vez algo más íntimo, algo que no requiera tanto esfuerzo para quedar bien con los demás, de cara a la galería, para que los otros disfruten, sino para uso y disfrute de uno mismo, es decir, de los novios. Si así se hiciera supongo que uno de los supuestos días más felices de nuestra vida, no estaríamos deseando que pasase.
¡Qué ironias tiene la vida!
Eso me recordó otro tema, el de dar a luz. La futuras abuelas siempre te dicen que es algo maravilloso, que no hay nada que temer. Y, efectivamente, no hay nada que temer. El bebé, de una u otra forma nacerá, pero lo que sí digo, que dar a luz duele, las contracciones duelen y mucho!!!! Entonces, ¿No sería mejor contar la verdad, sabiendo a lo que te enfrentas, y sintiendo igualmente luego lo maravilloso que es tener tu bebé en brazos?

Con todo ésto, lo que pretendo decir, es que muchas veces se vive de cara al exterior, o se vive en una farsa que no conduce a nada, y que las cosas son mucho más sencillas de cómo las hacemos en muchas, tal vez, demasiadas ocasiones.